jueves, 3 de julio de 2014

Confesiones de Kevin - parte 1



Me gustaría decir que la primera vez que la vi fue algo romántico, pero eso sería mentirles. La conocí en las peores pesadillas que puedan atormentar a un niño, viéndola morir junto con mis padres, mis tíos y todas las personas que habían significado algo en mi vida. Ahí fue cuando supe que ella sería importante. Y no me equivoqué.

Soñarla se volvió un beso fantasmal, donde el anhelo y el miedo se entremezclaban. Quería verla, quería tocarla, quería aprehender ese aroma por algo más que unos instantes y guardarlo para siempre en mi memoria. Pero cuando al fin la tuve frente a mí sentí el mundo desfallecer. Era hermosa, en verdad lo era. No de esas bellezas físicas, pues jamás ha sido una mujer "despampanante", por decirlo de algún modo. Pero su sonrisa, el sonido de su risa nerviosa, su mirada inquieta y divertida, sus rizos castaños cayendo en contraste con esa piel tersa... eso la convirtió en un ángel para mí.

Nos odiamos. O al menos creo que estuvimos bastante cerca de hacerlo. Y sin embargo en el fondo siempre la quise, sin importar cuánto dolor trajera conmigo cada noche. La quiero. Jamás he sufrido y llorado tanto por una mujer, ni siquiera por mi madre... y aún así sé que la amo. No podría explicarlo con palabras, pero cada vez que posa sus ojos en los míos puedo percibirlo: estaremos juntos, en un futuro cercano, sin importar si ese momento sólo nos dura 1 o 5 o 20 años. Estaremos juntos, y la amaré, la amaré más de lo que nadie jamás haya amado.


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