jueves, 25 de diciembre de 2014

Regalo de Navidad :)



Bueno, pues como no puedo darles un regalo tal cual de Navidad, quiero darles un adelanto de una escena del cuarto libro (spoiler alert) que he disfrutado como enana. Espero que también les arranque una sonrisa, además de dejarlos con ansias de leer más...



-          ¿A nosotros también nos vas a avisar cuando ya sean novios?
Ricardo estaba sonriendo, con esa mirada pícara que lo hacía ver aún más guapo. Pero ella, por el contrario, quería que la tierra la tragara. Pudo sentir su cara ardiendo, como si estuviera frente a una gran fogata. Abrió la boca para intentar responder algo, pero su voz había conseguido salir corriendo, así que se limitó a cerrarla.
-          ¿En serio, Ricardo? –le preguntó John con tono desaprobatorio, aunque claramente también sonreía.
-          ¿Qué? Sólo me gustaría saber si va a ser mi nuera.
Ana ya no pudo controlarse más y soltó una carcajada. Montse quiso matar a su amiga, pero se encontró con que su capacidad de movimiento también la había abandonado, dejándola clavada al piso. Intentó tragar saliva y ordenar sus pensamientos.
-          Yo… Kevin y yo no… –intentó decir, al tiempo que negaba con la cabeza.
-          ¿Tú y yo qué? –preguntó el chico, quien acaba de entrar en la sala–. ¿Otra vez nos están acusando de haber hecho algo?
Kevin se acercó y se dejó caer en una butaca cercana. Llevaba las mejillas y nariz sonrosadas por el frío, y tenía un brillo en los ojos que lo hacía ver… Espera, se dijo Montse, enfoca tu atención en los aguinaldos, ya bastante tienes con esta situación. Suspiró y volvió a agarrar un bonche de dulces. Aún podía sentir su cara roja, y escuchaba las risas de Ana y de Ricardo, quienes disfrutaban bastante con la situación.
-          ¿Me perdí de algo? –preguntó Kevin, pasando la mirada entre ellos.
-          Para tu desgracia –dijo Ricardo–, pero es algo único e irrepetible. Eso te pasa por no estar aquí.
-          ¿En serio no me vas a contar?
-          ¿Quieres contarle, Montse?
Ella le dirigió una mirada asesina a su profesor, y siguió con los dulces.
-          Parece que no –respondió Ricardo, volviendo a reír.



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